Francotiradores en la Segunda Guerra Mundial

FRANCOTIRADORES EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL



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Los francotiradores en el frente

Se calcula que durante la segunda guerra mundial por término medio se necesitaban unos 25.000 disparos para acabar con un enemigo. Sin embargo, los francotiradores únicamente necesitaban 1’3, es decir, solo erraban tres de cada 10 disparos aproximadamente. Estadísticas reflejan la gran efectividad de estos combatientes, y la necesidad de todos los países involucrados en la contienda de tenerlos entre sus filas.

Francotirador alemán

A comienzos de la SGM únicamente el ejército alemán contaba con francotiradores dispuestos a entrar en combate, hecho que los aliados pagarían muy caro; franceses y británicos habían vendido al terminar la PGM la mayoría de sus armas de precisión, dando por finalizadas todas las escuelas de entrenamiento de francotiradores. En peor situación se encontraban los Estados Unidos, que ni siquiera contaban con un fusil de precisión en sus arsenales.

¿A que se debía esta ausencia de francotiradores y material de precisión? La respuesta es sencilla, la figura del francotirador era reconocida como un símil de guerra de trincheras, concepto que por 1940 se consideraba atrasado y todo lo relacionado con ello se pensaba ya fuera de contexto, no se entendía el uso del francotirador en una guerra de movimientos. Si bien es cierto, la doctrina del tirador había evolucionado desde la PGM, y su tarea era mucho más compleja que abatir todo enemigo que se aventurase fuera de la protección de su trinchera. Ahora actuaban como observadores, exploradores, avanzadilla de pelotones, etc. y por supuesto desmoralizando al enemigo con su fuego selectivo. También había cambiado el modo de ejecución del ataque: si en la PGM el tirador disparaba desde una misma posición desde el amanecer hasta la puesta de sol, ahora se cambiaba de posición tras cada disparo, efectuando un máximo de dos disparos por posición.

El gran empleo de francotiradores por parte del ejército alemán haría que pronto los aliados se diesen cuenta de la enorme importancia que iban a cobrar estos soldados, y comenzasen a desarrollar sus propios proyectos de entrenamiento de tiradores, aunque esto no se daría hasta 1942.

Combates en el Este

Durante los dos primeros años de guerra los francotiradores alemanes se hicieron grandes maestros del “sniping”. Equipados con los precisos Máuser Kar98k recalibrados para el 8mm Kurz y visores Ajack de 4 y 6 aumentos eran capaces de acertar a una cabeza a 400 metros y a un cuerpo a 600 metros.

Cuando el 22 de Junio de 1941 Alemania invadió Rusia, los tiradores del eje dejaron de estar solos en el campo de batalla: en breve tendría lugar el mayor enfrentamiento de francotiradores de la historia. Miles de campesinos habían sido llamados a filas por el Ejército Rojo para echar al invasor de la madre patria, campesinos que se ganaban la vida cazando en las frías montañas asiáticas y que ahora cazarían alemanes. El Ejército Rojo conocía el talento de estos hombres, y no lo iba a desaprovechar; se crearon escuelas de tirador selecto en todo el territorio soviético, se fomentó la figura del francotirador y se premió a todo aquel que consiguiese un número determinado de bajas. Gracias a estos esfuerzos se consiguieron excelentes tiradores y tiradoras, como pueden ser Vassili Zaitsev, Okhlopkov, Lyudmila Pavlichenko, Anatolij Chekov y muchísimos otros más.

Okhlopkov

El fusil de francotirador elegido por la unión soviética fue el Moisin Nagant 91/30 equipado con la óptica P.U. y P.E.M., producido en grandísimas cantidades, unas 53.000 al año, cifra que demuestra el gran número de francotiradores con que contaba el Ejército Rojo. También se empleó el fusil semiautomático SVT 40 montado con la misma óptica que el Moisin, aunque su imprecisión a partir de los 200 metros hizo que se retirase pronto de la producción.

Si los francotiradores soviéticos destacaron en algún frente, fue sin duda en la lucha por las grandes ciudades; Leningrado y Stalingrado se convirtieron en la pesadilla de los soldados alemanes. Escondidos entre los escombros producidos por los bombardeos los francotiradores rusos acababan uno a uno con sus enemigos fascistas. Fue entonces cuando se enviaron francotiradores alemanes a las ciudades para contrarrestar el efecto de los soviéticos, esto daría lugar a numerosos duelos entre tiradores de ambas naciones, como lo fue el popular duelo del soviético Vassili Zaitsev con el Mayor König.

Ofensiva aliada

Con la invasión aliada de Europa en Anzio (Italia) y posteriormente en Normandía (Francia) los francotiradores alemanes se enfrentaron a tres nuevos enemigos, los tiradores estadounidenses, canadienses y británicos.

El ejército estadounidense había adoptado el fusil Springfield M109A4 como arma de francotirador, equipado con los visores Weaver y Unertl de 2’5 y 8 aumentos respectivamente. Por parte de los británicos y canadienses el fusil empleado fue el Enfield nº4 mkI (T), la designación (T) hacía referencia a que estos fusiles destinados al tiro de precisión se diferenciaban del resto de Enfields en la posibilidad de ajuste de la culata a la mejilla del tirador y en la incorporación de un visor de 4 aumentos denominado Nº32.

Hughes

Los francotiradores aliados aunque habían recibido un duro entrenamiento no tenían la experiencia de los alemanes que habían combatido en la Unión Soviética, como así lo demuestran los dos grandes francotiradores alemanes Matthias Hertzenauer y Sepp Allenberger, que sumaban entre los dos más de 600 rusos abatidos. Esto marcaría un duro comienzo para los aliados que poco a poco irían salvando gracias a su gran superioridad numérica y de suministros. Si a principios de la SGM los tiradores alemanes desempeñaron papeles de apoyo a la infantería en su avance, ahora todo lo contrario, dispersos por todo el territorio francés e italiano se dedicarían a retrasar la ofensiva aliada. La doctrina del francotirador alemán había cambiado con la inclinación de la balanza de la victoria hacia el lado aliado, ahora actuaban con menos cautela, sin cambiar de posición tras cada disparo efectuado, intentando conseguir el mayor número de bajas posibles aunque eso les costase su propia vida.

Para llevar a cabo estas acciones “suicidas” los francotiradores alemanes escogían posiciones estratégicas, aunque tremendamente obvias, como podían ser campanarios, depósitos elevados de agua, cruces de carreteras o puentes, sembrando el pánico entre las filas británicas y americanas, hasta tal punto que se eliminó de los uniformes de los soldados aliados todo tipo de distintivos de rango dado el alto número de bajas entre los oficiales. A pesar de ello, “inexplicablemente” los francotiradores alemanes seguían identificando y eliminando a los oficiales. Cuando se le preguntó a un tirador alemán capturado como conseguían identificarlos este les respondió que disparaban a los soldados con bigote, técnica que habían aprendido en el frente del este.

La acción del tirador alemán poco cambió hasta el fin de la guerra en 1945, tendiendo hacia posiciones más suicidas, y desempeñando siempre tareas de retraso del avance enemigo, luchando ciudad tras ciudad hasta el día de la derrota final en Berlín.

La lucha en el Pacífico

Los combates por las islas del Pacífico enfrentaron a los francotiradores estadounidenses y japoneses en un nuevo concepto de guerra totalmente distinto al desarrollado en el frente europeo. La densa vegetación de las islas impedía el tiro a largas distancias, haciendo necesario un fusil de francotirador en el que destacase la cadencia de fuego sobre la precisión. Es por ello que el ejército estadounidense equipó a sus tiradores en el Pacífico con el fusil semiautomático M1Garand dotado del alza telescópica Lyman de 2.2 aumentos, denominando a esta versión del fusil como M1C. Por parte de los japoneses, siempre escasos de material, tuvieron que conformarse con los fusiles de cerrojo Tipo 97 y Tipo 99 equipados con visores de 2’5 aumentos, llegando a utilizar en algunas ocasiones subfusiles ametralladores.

La acción de los francotiradores japoneses era distinta a la de cualquier otro francotirador en el frente europeo; subidos a las altas palmeras que poblaban las islas esperaban a tener a los soldados estadounidenses a distancias inferiores a los 50 metros, de esta forma se aseguraban al menos un blanco, si bien es cierto, estas acciones terminaban normalmente con la muerte del tirador japonés.

La determinación kamikaze de los japoneses minaba profundamente la moral americana. Para evitar las altas bajas causadas por los francotiradores enemigos se emplearon diversos métodos, desde perros rastreadores que delataban la posición de los nipones hasta bombardeos intensivos que borraban del mapa extensas superficies selváticas.

Guerra en el pacífico

Pero sin lugar a dudas, el método más efectivo fue la utilización de pequeños grupos anti-francotirador dedicados a la detección y eliminación, como así lo demuestran los 296 francotiradores japoneses abatidos en Burma por tan solo dos de los tiradores estadounidenses. La alta tasa de bajas entre los japoneses no pareció acabar con su empeño suicida, luchando con la misma determinación hasta el final de la campaña del pacífico.

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